El logo ha sido realizado por el Noviciado de las MM. Dominicas de Lerma, a quienes el Obispo ha dado las gracias “de todo corazón porque han sido capaces de recoger, como buenas hijas de Santo Domingo, las principales características del santo en un logotipo precioso”.

A los 24 años de edad, Santo Domingo de Guzmán fue llamado por el Obispo de Osma para ser canónigo de la Catedral. Aquí, a los 25 años, fue ordenado sacerdote. Durante los años siguientes, tuvo la oportunidad de acompañar al Obispo Diego de Acebes en su gestión de la Diócesis e innumerables misiones, aprendiendo de él a ser administrador a la vez que apóstol. Fue en El Burgo de Osma donde el Señor iba a cultivar y hacer germinar en él aquellas semillas que, sin duda, en un futuro, le serían indispensables para llevar a cabo la misión que tenía preparada para él; esto es lo que refleja el logo:

Las murallas: Las murallas, al igual que los muros de un Monasterio, parecen infranqueables... Por su color negro, incluso puede parecer que dentro no hay vida, o que se desconoce lo que realmente se fragua dentro de ellas. ¿Puede ser así? El modo de vida que regía para los canónigos resultó de especial relevancia para Santo Domingo. Estaba marcado por un género de vida monástica que se conjugaba con la acción, con la misión que cada uno tuviese. Por lo tanto, se puede decir que, dentro de las murallas, gracias al estilo de vida que pudo llevar, su corazón primero se llenó de Cristo para después darlo. Domingo pasaba largas horas en oración en la iglesia por la noche, y durante el día enseñaba, predicaba... Esta experiencia marcó su vida, convirtiéndose en lema para sus seguidores: “Contemplar y dar lo contemplado”.

La antorcha: En el logo, El Burgo de Osma está sostenido por la base de una antorcha; esto es lo que fue para él esta etapa. Es aquí donde comenzó a arder, haciéndose realidad el sueño que su madre tuvo años atrás por el que comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. Predicar es importante, dar a Cristo es importante, pero no hay que olvidar la base sobre la que se sustenta esta predicación: primero oración y luego acción.

El río: Un río rodea las murallas la ciudad. El agua del río es movimiento, vida. La experiencia de Cristo, encontrarte con Él, hace arder en deseos de darlo a los demás. Si bien esta etapa marcó de una manera imborrable a Santo Domingo, su corazón no terminaba de descansar; no descansó hasta dar con la misión que el Señor tenía para él, el propósito de su vida. Su corazón buscaba la manera de llevar la vida que recibía de Cristo a los demás. Como un río, pulía las piedras, se hacía camino, recorría distancias, no se detenía, guiado por la caridad y la Palabra de Dios.

El Rosario: La vida que llevó Santo Domingo no estaba sólo marcada por el ingrediente monástico: también lo estaba por la vida en comunidad. Uno de los pilares más importantes para él fue la vida comunitaria. El cristiano no camina solo, el Señor le regala la comunidad: hermanos y hermanas que, aun siendo muy distintos, están unidos en Cristo, y juntos caminan desde el Amor. Así, el Rosario que rodea el logo, está marcado por la comunidad: cuentas imperfectas, distintas entre sí, pero unidas en lo esencial. Refleja también a María, siempre presente en la vida del Santo. El Rosario se bifurca, abrazando todo el logo, como símbolo de la predicación; y la combinación de los colores blanco y negro, hace alusión a la Orden de Predicadores que el Señor pondrá en sus manos años más tarde.

El Crucifijo: La cruz que cuelga del Rosario señala a Cristo y la importancia de que sea Él el que una. Además es la silueta de una imagen concreta: la del Cristo del Milagro, que está situada en la Catedral de El Burgo de Osma, ante la que oró y meditó Santo Domingo. Todos los que se acercan hoy hasta allí, pueden mirar la misma imagen que él miró y dejar a los pies de Cristo todo aquello que tienen en el corazón.

El libro abierto: Refleja el amor de Santo Domingo a la Verdad por medio de la Palabra. Este amor a la Verdad era la motivación de su continuo estudio, de su buscar sabiduría. Para Santo Domingo la Palabra de Dios era fundamental, se la sabía de memoria, era lo que saboreaba en su oración. Pero este trabajo no era sólo para él pues quería poder llevarla a los demás. Su sueño era que todo el mundo descubriera la gran Verdad que ilumina toda la vida y que encontramos en la Biblia: Dios es amor y Dios te ama.